Cuando se dice una cosa y se hace otra, cuando se utilizan maniobras confusas para dar largas al otro, cuando se argumenta con ambigüedades, cuando se sonríe mirando hacia otro lado, cuando las miradas no se encuentran, cuando la comunicación deja de fluir, cuando se utiliza el halago como forma de acercamiento… y sobre todo, cuando se aceptan como reglas del juego todas estas cosas y algunas más parecidas, la confianza está definitivamente rota.

Están lejos los tiempos en que la palabra dada era suficiente para saber que las cosas llegarían a buen término, los tiempos en que el respeto y la confianza dominaban las relaciones personales y las transacciones profesionales.

Vamos por la calle y vemos pocas sonrisas que no sean las de los niños. Hablamos con las personas y recelamos sobre la veracidad de los que nos dicen, nos sentimos extraños entre personas en las que antes confiábamos…

No sé si alguno de vosotros vive o ha vivido esto en algún momento, pero no es raro oírlo de boca de personas que conocemos o incluso en conversaciones de las que alguien nos hace partícipes cuando vamos por la calle porque va hablando demasiado alto por su teléfono móvil o con la persona que lleva al lado.

En eso tampoco encontramos gran respeto, en tener en cuenta que convivimos con otras personas a las que nuestros excesos les pueden molestar…

Hoy quiero utilizar mi blog igual que utilizo mi art journal, como vía de expresión de mi viaje interior, de ese viaje que se nutre de lo que voy experimentando y de cómo eso que experimento lo intento incorporar a mi sabiduría vital, haciendo todo lo posible por asumirlo y evitar que altere el equilibrio que a veces cuesta tanto conservar.

Esta página que ilustra mi reflexión refleja precisamente cómo todo es luminoso y fluye de maravilla cuando hay una buena relación de confianza, cuidada y alimentada por todas las partes que la sustentan.

Y también refleja cómo cuando se produce la ruptura de esa confianza, se van socavando y hundiendo poco a poco los cimientos de toda una relación, ya sea personal o profesional. Cuando es personal altera fuertemente nuestras emociones y nuestro equilibrio interior.

Pero cuando es profesional no lo altera menos, porque si en lo profesional no podemos confiar en aquellos con quienes trabajamos o colaboramos, una parte importante de nuestro interior también deja de fluir, puede estancarse, incluso hundirse poco a poco, e impedirnos avanzar con otras relaciones que nos son muy necesarias para seguir saliendo adelante en el cada día más complejo panorama profesional.

Pero he visto y vivido bastantes relaciones profesionales rotas por la confianza traicionada y poco a poco intento alejarme emocionalmente de sus consecuencias, separando mi interior de algo que me repito a mí misma que «sólo es trabajo» pero… ¡cuánto cuesta algunas veces! Especialmente si te apasiona tanto como a mí aquello que haces.