A menudo buscamos espacios donde “poner nuestro hogar”, queremos que en ellos estén todos los amigos y la familia, aquellos que consideramos cercanos y especiales en nuestra vida por una razón u otra.

Y también a menudo la vida nos golpea con sorpresas que proceden de alguno de esos amigos o de alguien de la familia… Y sentimos que algo se resquebraja, nos sentimos desilusionados, decepcionados o incluso traicionados.

Y es que ponemos nuestras expectativas en las personas, a veces quizá en un número elevado de personas. Y nos olvidamos de que las mejores expectativas debemos buscarlas dentro de nosotros mismos, e incluso así, también nos decepcionamos de vez en cuando.

Y si pensamos en lo que hoy mucha gente llama “amigos” y “familia”, ya podemos sentir hasta cierto vértigo.

El paso del tiempo me ha ido mostrando que, aunque pueda estar rodeada de mucha gente en determinados momentos, tanto personales como profesionales, el sentimiento de “estar en mi hogar” sólo aparece cuando estoy con la persona con quien comparto mi vida y, en ocasiones, con algún amigo o amiga, pero muy contados…

Y he ido descubriendo que ese sentimiento de hogar aparece cuando realmente me siento en paz. Si lo has probado, seguro que coincides conmigo. Y, si es así, seguro que has guardado en un rincón de tu mente y de tu corazón el sentimiento que se producía en esos momentos, para no perderlo de vista e intentar reproducirlo el mayor tiempo posible.

Inspirada por ese sentimiento, me he divertido mucho realizando esta página de mi Art Journal. Vi en la red una idea que me gustó realizada por Lynda Wilson y me puse manos a la obra, a experimentar y aquí la dejo, por si te alegra la vista e inspira tu búsqueda interior. 🙂