La emoción nos mueve o nos paraliza, nos expande o nos limita.

Somos capaces de movilizar toda nuestra energía por aquello que nos emociona o de quedarnos sin fuerzas porque esa misma emoción nos aplasta como una losa.

emociones-encadenadasCreo que en la vida acumulamos muchas cosas de todo tipo; no sólo objetos, que por supuesto nos sobran por todas partes, sino especialmente emociones.

Emociones que nos atan a momentos pasados y nos impiden avanzar.

Nos vinculan a personas que nos roban el aire y la vida.

O nos  mantienen en una imagen de nosotros mismos relacionada con lo que debiera haber sido pero no fue, o con lo que fue y querríamos que siguiera siendo… Emociones, siempre emociones.

Y qué difícil es despojarse de aquellas emociones que nos encadenan, para dejar paso a las que nos ayudan a vivir con plenitud el momento presente.

Pasamos por la vida y casi no nos damos cuenta.

Pasan los años y creemos que siempre seremos los mismos, que siempre tendremos tiempo para aquello que nos apasiona pero que siempre queda relegado a un segundo o tercer lugar -en el mejor de los casos.

Dejamos que la vida se nos escurra entre las manos y cuando queremos darnos cuenta nuestro cuerpo comienza a protestar, nuestras fuerzas son otras, nuestra agilidad disminuye.

Nuestra mente necesita activarse para mantenernos activos el mayor tiempo posible, nuestro cuerpo necesita reactivarse para mantener activa más tiempo a esa misma mente que nos activa…

Y un día nos enfrentamos al espejo y, lo que es más duro, a nuestros propios miedos, que nos inundan.

Y querríamos atarnos algún tiempo más a aquellas emociones antiguas que nos resultaban un terreno más conocido…

 

Pero ya no se puede. Hay que avanzar.

emociones-encadenadasEl sendero que se abre delante es diferente, quizá más estrecho, pero con muchas flores magníficas alrededor… No dejemos de disfrutarlas.

No dejemos que nuestra madurez rampante nos introduzca en un halo de tristeza por lo que pudo ser y ahora ya no podrá ser.

Hagamos que sea aquello que queramos que sea el hoy que comenzamos cada día, un día más, un año más, una década más…

Pero sobre todo no dejemos que la energía, las renovadas emociones, la vida, se nos cuelen entre los dedos como el agua del río que cada día muere y vuelve a renacer…

Y por si os inspira, aquí os dejo esta reflexión acompañada de uno de los dibujos que de vez en cuando se me escapan entre los dedos… ¡Espero que ambos os gusten!