Siempre he admirado a las personas emprendedoras que buscan conducir su vida y sus decisiones de manera lo más autónoma posible. No es fácil, pero proporciona muchas satisfacciones.

Yo me animé hace ya más de veinte años y aunque ha habido muchas piedras en el camino, he disfrutado de la ventaja de poder elegir la manera de enfrentarme a ellas.

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Pero no sólo he podido decidir esto, sino también con qué lo hacía, con qué recursos quería contar para seguir avanzando.

Muchas veces acertaba y otras me equivocaba, pero a fin de cuentas era yo quien antes o después terminaba decidiendo cómo continuar, con qué, con quién y hacia dónde.

Ser emprendedor/a es una tarea ardua pero gratificante. Es verdad que todo en la vida conlleva esfuerzo; al menos todo lo que realmente vale la pena, me parece a mí. 

Desde mi punto de vista los emprendedores de alguna manera reconocen ante el mundo y, lo que es más importante, ante sí mismos, que están dispuestos a hacer los esfuerzos que haga falta por mantener su capacidad de decisión sobre su propia evolución vital y profesional.

Y algo muy importante: que pase lo que pase se hacen responsables de si mismos y de las consecuencias de lo que hacen y deciden.

Sentir la necesidad de renovarse permanentemente es algo que ayuda a avanzar, aunque a veces sea muy complicado.

Y en estos momentos de crisis profunda que nos ha tocado vivir  creo que es un buen momento para aprovechar y mirar dentro de uno mismo y aprovechar esa necesidad interna de crear y renovarse para seguir emprendiendo y avanzar.

Para mí éste es un ciclo creativo en el que me siento cómoda y me gusta. Y en esta ocasión  disfruto especialmente compartiendo mi proyecto “Mymehi”.

En él se unen creatividad, artesanía, unión manos-mente, atención a los detalles, delicadeza en la estética, diseños originales y únicos… Todo puesto al servicio de los clientes que buscan un regalo muy especial para personas también especiales.