Es frecuente escuchar de una persona que hace algo que nos gusta mucho o que realiza cosas que a los demás parecen complicadas o muy diferentes o creativas, que tiene «un toque mágico«.

En la mayoría de las ocasiones es una forma de poner en valor lo que esa persona hace, lo que transmite, su capacidad para crear y provocar emoción en quien lo contempla o en quien lo va a utilizar.

En otras ocasiones creo que puede ser una forma de minimizar el esfuerzo que el otro realiza, argumentando que tiene ese toque especial, como si le resultara muy sencillo hacer lo que hace.

En cualquier caso, esta expresión de «toque mágico» refleja algo que nos cuesta hacer tangible. Vemos algo que nos llega de manera especial pero no sabemos muy bien qué es eso tan especial. Contemplamos el trabajo de alguien que se sale de lo normal o que nos emociona especialmente y nos cuesta mucho verbalizar por qué ocurre esto.

Estoy convencida de que todos tenemos dentro la capacidad para encontrar nuestro propio «toque mágico», pero no siempre estamos dispuestos a tomarnos el tiempo, el trabajo y el esfuerzo para excavar y profundizar dentro de nosotros y encontrarlo.

Para mí está muy vinculado a la capacidad creativa y requiere muchas horas y horas y horas de estudio, experimentación, observación, análisis y trabajo arduo en aquellas actividades que nos apasionan. Y después de mucho tiempo haciendo todo esto, ocurre que somos capaces de añadir pequeños detalles, de introducir elementos muy sutiles, de expresarnos de una manera realmente propia…

Seguramente hay personas que tienen una capacidad innata mayor, pero por lo que he podido ver y experimentar, hay muchas personas que intentan tomar atajos, reducir el tiempo de dedicación y aprendizaje, saltarse etapas en el camino y no se molestan tampoco en bucear en su propio interior.

Cuando esto ocurre, este toque mágico es difícil que aflore, la creatividad es difícil que aflore, los detalles no aparecen porque no se ha sembrado lo suficiente como para que formen parte de su identidad propia…

En fin, os animo a poner manos a la obra, a seguir dándole duro a eso que os apasiona, a experimentar constantemente y a aprender con los demás y de vosotros mismos.

Os invito a ir en busca de vuestro «toque mágico». Y si ya lo habéis encontrado os felicito por ello y admiro vuestra constancia, vuestra capacidad de trabajo y experimentación y vuestra capacidad para aprender.

Y para ilustrar esta reflexión aquí os he dejado algunas imágenes de una de las últimas páginas de mi art journal. ¡Encuentra tu toque mágico!