Esta página que hoy comparto con vosotr@s es el reflejo de una situación vivida no hace mucho en una intensa sesión de trabajo con diversas personas con las que tengo contacto de manera esporádica.
Una vez más mi art journal ha sido una extensión de mí misma, ayudándome a dar forma a las percepciones y a los sentimientos que me han invadido a raiz de ese contacto. En muy poco tiempo he podido reflejar en esta página cómo me he sentido durante unas cuantas horas después de la sesión y de cómo una vez más es para mí importante preservar mi energía de limitaciones que vienen de fuera.
Pasando por alto la descripción de lo que allí sucedió, porque no es la primera vez que vivo una situación similar, lo más importante para mí es observar cómo las personas se afanan en la tarea olvidando algo vital para poder avanzar ya no sólo con más o menos éxito, sino simplemente para avanzar y al menos disfrutar: se olvidan de apasionarse por lo que hacen o, si no llegamos tan lejos, al menos de entusiasmarse con lo que están haciendo y proyectando.
La falta de pasión conlleva ausencia de implicación y ésta también deja vislumbrar escasa comunicación y ninguna conexión entre las personas que comparten esa tarea. 
El entorno se ensombrece y cada uno se ocupa de defenderse a sí mismo y su territorio, sin pararse a pensar en cómo esa actitud le aleja paso a paso de los demás y también de sí mismo, de su propia esencia, de sus metas, de sus sueños. Los colores se difuminan y va ganando terreno la sombría atonía que termina por ganar a todos los que allí están.
Aunque quizá el principal problema es que esa tarea no tiene nada que ver con sus sueños, lo cual nos lleva a un terreno mucho más complicado.
La cuestión está en que yo intento vivir de manera apasionada aquello que hago; busco la forma de que mi trabajo me entusiasme y de llevar aquello que me apasiona a las tareas que realizo. Pero cuando tengo cerca esa sombría manera de afrontar la actividad, noto cómo mi propia energía se ve terriblemente afectada. Es como si un vampiro me chupara la sangre en un momento.
Y es que la ausencia de energía, y en el peor de los casos la energía negativa, funciona como una especie de catéter que aspira con voracidad la energía constructiva y fuerte que uno lleva dentro. 
Y por eso mi art journal se ha convertido de nuevo en algo muy terapéutico, ayudándome a recordarme a mí misma que tengo dos opciones.
Una opción es apartarme de la energía que no construye y que destruye la mía -lo cual no siempre es posible-.
La otra opción es ser consciente de ese sombrío entorno que a veces se genera, para mantener la calma cuando estoy cerca, recordándome a mí misma que cuando salga de allí seguiré siendo la que soy y seguiré teniendo la enorme suerte de hacer lo que me apasiona y apasionarme con lo que hago. Y así quiero seguir…

¡Ah! Y por si te apetece ensayar una página de este estilo, está realizada con stencil, pinturas en spray, pinturas pastel y tizas de colores. ¡Utiliza tu art journal y cuéntame cómo te va!