Manos y Mente Art Journaling-Música, piano y emociónDurante los últimos días he mantenido algunas conversaciones que han traído a mi mente muchos recuerdos entrañables de los muchos, muchos años que viví mano a mano con mi sufrido y a la vez exigente piano.

Y con los recuerdos y emociones a flor de piel he sentido el impulso urgente de plasmarlo en mi art journal, de hacer un homenaje al que durante tanto tiempo fue permanente compañero: un sentido homenaje a mi piano, compañero de fatigas en la búsqueda de un sueño retador y de dura exigencia, al que por cierto tengo más que abandonado en los últimos tiempos 🙁
Así que he querido recuperar este post que hace tiempo escribí y que cuando lo releo me emociona nuevamente…

Me sentaron delante de un piano cuando tenía 5 años. Tenían que ponerme dos grandes cojines en el taburete para que pudiera llegar al teclado. En mi cabeza dos respingonas y largas coletas con unos lazos enormes 😀

Tuve la suerte de no tener que pasar por la larga y aburrida travesía de interminables sentadas estudiando solfeo y teoría antes de poder tocar algo. Comencé divirtiéndome. Una excelente profesora me enseñaba los rudimentos necesarios para introducir poco a poco dentro de mí esas sensaciones indescriptibles que se producen cuando consigues sacar de un instrumento una melodía reconocible.

Manos y Mente Art JournalingTambién me llevaba algunas «collejas»… Como niña que era, cuando tenía que estudiar y me dejaban sola, me levantaba del piano y me distraía con todo lo que había alrededor.

Y claro, en mi infantil y soñadora ingenuidad  no me percataba de que si no tocaba, no había sonido y si no había sonido, sabían que me había levantado y estaba jugueteando.

Cuando cuento mis comienzos en el mundo de la música, hay muchas personas que se compadecen y critican que se obligue a una niña tan pequeña a esa disciplina tan pronto. Y lo cierto es que nunca fue para mi un castigo ni una penalidad, sino más bien todo lo contrario… un mágico juego…

Hace de ello ya muchos, muchos años… Pero lo recuerdo con cariño y agradecimiento. Aprendí las letras al mismo tiempo que las notas musicales. Aprendí a apasionarme por aquel amigo «blanco y negro» que  llenaba mi espíritu de color. Y eso sería para mí una constante en mi vida: la pasión por aquello que hago y vivo.

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La música se convirtió en una parte vital de mí sin que yo me diera cuenta. Me divertía e iba estableciendo lazos importantes con aquel instrumento que luego, durante muchos años, fue una extensión de mí misma…

Aprendí muchas, muchísimas cosas a través de la resistencia de sus tozudas y a la vez sensibles teclas. Y forjé la más importante de mis capacidades e inclinaciones: la inquietud por crear, diseñar, realizar todo tipo de actividades creativas, la obsesión por aplicar la creación a cualquier actividad que emprendiera.

Me apetecía hoy rendir de nuevo este homenaje a mi piano, que tanto me ayudó a sacar lo mejor de mí misma y a convertirme en una gran parte de quien y como soy hoy. ¡Gracias, amigo!

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