Las personas emprendedoras aprenden a revovarse y tomar sus propias decisiones.

Siempre he admirado a las personas emprendedoras, que buscan conducir su vida y sus decisiones de manera lo más autónoma posible. No es fácil, pero proporciona muchas satisfacciones.

Las personas emprendedoras aprenden a revovarseYo me animé hace ya más de veinte años y, aunque ha habido muchas piedras en el camino, he disfrutado de la ventaja de poder elegir la manera de enfrentarme a ellas.

A veces las he saltado, otras las he apartado un poco para poder pasar y, en otras ocasiones, las he lanzado lejos para que no me impidieran ver el norte.

Pero no sólo he podido decidir esto, sino también con qué lo hacía, con qué recursos quería contar para seguir avanzando.

Muchas veces acertaba y otras me equivocaba, pero a fin de cuentas, era yo quien antes o después terminaba decidiendo cómo continuar, con qué y con quién y hacia dónde.

Ser emprendedor/a es una tarea ardua pero gratificante. Es verdad que todo en la vida conlleva esfuerzo; al menos todo lo que realmente vale la pena, me parece a mí.

Desde mi punto de vista, los emprendedores de alguna manera reconocemos ante el mundo y, lo que es más importante, ante nosotros mismos, que estamos dispuestos a hacer los esfuerzos que haga falta por mantener nuestra capacidad de decisión sobre nuestra propia evolución vital y profesional.

Y algo muy importante: que pase lo que pase, nos hacemos responsables de nosotros mismos y de las consecuencias de lo que hacemos y decidimos.

Esto no quiere decir que los que nos son emprendedores no lo hagan, ni mucho menos; tan sólo quiero compartir aquí cómo valoro esta manera de enfrentarse a la vida.

 

Sentir la necesidad de renovarse permanentemente es algo que ayuda a avanzar, aunque a veces sea muy complicado.

En estos momentos de crisis profunda que nos ha tocado vivir, poco a poco me voy dando cuenta de que, al margen de que mi actividad profesional aumente o disminuya o se mantenga, lo que me está ocurriendo es que realmente mi manera de ver la realidad y de afrontar las situaciones está evolucionando.

El trabajo se vuelve algo más convulsivo, en el sentido de que es irregular; hay momentos de mucha actividad y otros en los que ésta disminuye casi sin solución de continuidad y luego otra vez lo contrario.

Y en este proceso extraño, que no tiene nada que ver con lo que he vivido anteriormente, noto que mi necesidad de renovación aumenta.

Pero no con un objetivo externo de conseguir determinados logros. Es un afán que nace desde muy dentro.

Es como si la situación crítica que nos rodea hubiera tocado algo en mi interior que me hace avanzar mucho más conscientemente en mi desarrollo personal y que me impulsa a ver la vida de una manera muy diferente.

Para mí es un ciclo creativo en el que me siento cómoda y me gusta. Es una forma de renovarme y seguir avanzando.


La ilustración de este post pertenece a una página de mi Art Journal 2012