En estos momentos del año parece que tenemos más tendencia a mirar hacia atrás y luego hacia adelante y formularnos grandes propósitos para el nuevo año.

Esto siempre me ha hecho pensar en por qué la mayoría de nosotros no nos permitimos plantearnos estos u otros retos a lo largo del año. Quizá nos cuesta soñar, o creemos que el realismo está reñido con la posibilidad de fijarnos objetivos ambiciosos y retadores.

Hace unos días escuché en un programa de radio a alguien que denostaba con entusiasmo el pensamiento positivo, reduciéndolo de una manera simplista a pensar que siempre todo va bien.

En mi opinión pensar positivamente requiere previamente conocerte a ti mismo, saber cuáles son tus limitaciones y tus potencialidades, aprovechar estas últimas y aprender a reducir en lo posible las primeras. Entender que la neuroplasticidad de nuestro cerebro nos permite mucho más de lo que creemos.

Y cuando hemos realizado esta tarea compleja de instrospección, buscar el equilibrio que nos permitirá enfocar nuestra vida y experiencias de manera positiva. Es aquello que con frecuencia escuchamos de que lo importante no es lo que nos pasa, sino cómo reaccionamos a ello, qué hacemos con lo que nos pasa…

Para mí soñar es lo que nos permite avanzar, evolucionar, plantearnos retos interesantes, apasionarnos por lo que hacemos, buscar nuevas posibilidades, desarrollar nuestra capacidad creativa, asumir riesgos, ampliar nuestra «zona de comodidad» y abordar nuevos e interesantes proyectos, no sólo profesionales, sino vitales.

Y así lo he querido plasmar con esta página de mi Art Journal que espero que te ayude a reflexionar. Pero además, aprovecho para compartir un vídeo que encontré hace poco en la red y que refleja muy bien mi reflexión. Lo enlazo aquí debajo -es de inKNOWation España– y espero que te guste y sobre todo que te inspire y te impulse a abrirte a ti mism@ nuevos horizontes…